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Voces de la Patagonia es una invitación a escuchar

A escuchar imágenes, a escuchar territorios, a escuchar memorias que durante
décadas fueron silenciadas.

Esta exposición presenta el archivo fotográfico y etnográfico de Martin Gusinde, resultado de sus expediciones a Tierra del Fuego entre 1918 y 1924, cuando convivió con los pueblos Selk’nam, Yámana y Kawésqar en un contexto marcado por colonialismo, el avance territorial, el colapso demográfico y la proletarización de estas comunidades.

Lejos de una mirada distante o extractiva, Gusinde desarrolló un trabajo basado en la convivencia, la confianza y el reconocimiento. Sus imágenes no registran “tipos humanos”, sino personas: cuerpos, gestos, vínculos, rituales y sistemas simbólicos complejos, profundamente articulados con el territorio.

Las más de mil fotografías que conforman este archivo —junto a diarios de campo, notas lingüísticas y registros etnográficos— constituyen hoy una de las fuentes documentales más relevantes del siglo XX sobre los pueblos originarios australes.

Pero su valor no es solo histórico. Estas imágenes siguen activas: dialogan con comunidades descendientes, restituyen identidades, reconstruyen genealogías y cuestionan las narrativas con las que se ha escrito la historia de la Patagonia.

Presentada en el marco del proyecto Voces de la Patagonia, de Filantropía Cortés Solari, esta exposición propone una lectura contemporánea del archivo Gusinde como memoria viva, capaz de interpelar los desafíos actuales de identidad, territorio, sostenibilidad y relación con la naturaleza.

Porque solo se protege aquello que se reconoce. Y solo se reconoce aquello que se nombra, se mira y se escucha.

Módulos de la exposición

A escuchar imágenes, a escuchar territorios, a escuchar memorias que durante décadas fueron silenciadas.

Martin Gusinde (1886–1969) fue sacerdote alemán de la Congregación del Verbo Divino. Llegó a Chile en 1912 como misionero y se desempeñó como profesor de historia natural en el Liceo Alemán de Santiago. Paralelamente, desarrolló un profundo interés por las humanidades, la arqueología y la antropología.

Colaboró activamente con el Museo de Etnología y Antropología de Santiago, institución en la que llegó a ser encargado de colecciones, lo que le permitió acceder a documentación especializada y a un entorno formativo clave para su desarrollo como investigador y futuro etnólogo.
Entre 1918 y 1924 realizó cuatro expediciones a Tierra del Fuego, financiadas por fondos privados y diversas entidades públicas.

Entre 1918 y 1924 realizó cuatro expediciones a Tierra del Fuego, financiadas por fondos privados y diversas entidades públicas. Este trabajo marcó el inicio de su carrera académica, que culminó con un doctorado en etnología en la Universidad de Viena en 1926.

Publicó sus investigaciones en la revista científica de su congregación. Sus primeras obras aparecieron en alemán en 1937 y fueron editadas en español en 1951.

A partir de la década de 1930 amplió su investigación a otros pueblos originarios: Sioux y Cheyenne (América del Norte), Pigmeos (Congo), Yupas (frontera Venezuela–Colombia) y Ainu (Japón).
Sus archivos —diarios, notas de campo y más de mil fotografías— se conservan hoy en el Instituto Anthropos de San Agustín, Alemania.

Martin Gusinde llegó el 27 de enero de 1919 a la misión salesiana de Río Fuego, dirigida por el padre Giuseppe Zenone, ubicada en los terrenos de la estancia Viamonte, propiedad de la familia Bridges.

La misión contaba con almacenes de víveres, galpón de esquila, comedor comunitario, escuela y cerca de quince viviendas para los Selk’nam. Estos trabajaban como pastores, leñadores, constructores de cercos y esquiladores.

Gusinde contó con el apoyo de Lucas Bridges —hijo del anglicano Thomas Bridges— y del padre Zenone, ambos hablantes de la lengua selk’nam.

A través de Nelly Lawrence, mujer yámana casada con Federico Lawrence, hijo del misionero anglicano John Lawrence, Gusinde conoció a los distintos representantes de los pueblos Yámana y Selk´nam, y en particular, al chamán selk’nam Ventura Tenenesk, estableciendo una red de confianza fundamental para acceder a la vida ritual y simbólica de estas comunidades.

Los primeros asentamientos humanos al sur del Estrecho de Magallanes datan de entre 10.000 y 12.000 años antes del presente.

Se desarrollaron dos grandes formas de vida:

  • Cazadores-recolectores terrestres(Selk’nam).
  • Cazadores-recolectores marinos(Yámana y Kawésqar).

Desde el siglo XVI la región fue cartografiada por exploradores europeos, pero los contactos sistemáticos con pueblos originarios nómades y sedentarios se intensificaron recién en el siglo XIX.

Desde la década de 1880, la división de Tierra del Fuego entre Chile y Argentina, junto con la expansión ganadera y la fiebre del oro, dio inicio a un proceso de extinción que redujo drásticamente a estas poblaciones. Según Gusinde, antes de 1880 habitaban la isla entre 3.500 y 4.000 personas.

Los Selk’nam habitaban la Isla Grande de Tierra del Fuego. Su territorio se organizaba en haruwen, espacios de linaje ordenados simbólicamente según el cielo.

Su dieta incluía frutos, hongos, cururo, aves y especialmente guanacos, de los que obtenían alimento, vestimenta y herramientas. Usaban capas de piel (chohn k-oli), tocados (goöchilh) y construían chozas cónicas llamadas kawi.

Las pinturas corporales, elaboradas con carbón vegetal, hueso calcinado, arcillas y pigmentos minerales, expresaban linaje y pertenencia.

Gusinde registró nombres, vínculos familiares y genealogías en cuadernos y reversos fotográficos, creando un archivo de restitución identitaria.

El Hain era una ceremonia de iniciación masculina destinada a jóvenes (kloketen) entre 16 y 20 años. Duraba de meses a un año y combinaba cantos, danzas, pruebas físicas y representaciones teatrales.

Solo en su cuarto viaje, Gusinde logró documentarla, tras convivir casi tres meses con los Selk’nam bajo la guía del chamán o shoon, Ventura Tenenesk.

Los hombres se disfrazaban de espíritus —como Shoort, asociado al inframundo junto a Xalpen— y sometían a los iniciados a pruebas físicas y psicológicas. Los cuerpos eran pintados con ocre rojo y patrones (taris) que representaban el linaje.

Las mujeres participaban en momentos específicos, como la danza Kewanix, en honor al espíritu Tanu, y en escenas rituales de inversión simbólica.

Los Kawésqar fueron nómadas del mar del oeste del Estrecho de Magallanes. Navegaban en canoas (hallef), inicialmente de corteza cosida y luego de tablones de madera.

Las mujeres recolectaban mariscos y nadaban; los hombres cazaban y mantenían el fuego a bordo. Durante tormentas, se atribuía el peligro al espíritu Ayayema.

Gusinde convivió seis meses con comunidades kawésqar (1923–1924), acompañado por Wilhelm Koppers, y reconstruyó la ceremonia Yincihaua, ritual masculino reservado a hombres adultos.

Usaban máscaras (ëksauwa), tocados (yiktalik sauwa) y pintura blanca para ocultar la humanidad del espíritu. El chamán Shamémesk fue una figura central, portador de la memoria oral, del conocimiento curativo y espiritual.

Los Yámana habitaron el canal Beagle y la Isla Navarino. Navegaban en canoas (anan) y dependían del mar para su subsistencia. Las mujeres eran las únicas autorizadas a remar.

Gusinde entró en contacto con ellos desde 1918. A través de Thomas Bridges, se accedió al extenso diccionario yámana-inglés (más de 30.000 palabras), publicado por Gusinde en 1933. Esta cantidad de palabras demostró la complejidad del idioma y cultura.

En su segundo viaje fue invitado a presenciar la ceremonia Ciexaus, rito de paso mixto. Fue el único europeo iniciado en este ritual. El Kina, ceremonia secreta masculina, se realizó en su tercer viaje (1921–1922), bajo la guía del chamán Pedro Masemekens.

Gusinde estableció paralelos entre el Kina y el Hain, reconociendo en ambos una estructura simbólica y pedagógica profunda.

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